Este documento político de palpitante actualidad ha sido publicado hace unos pocos días en el blog del Surrealist London Action Group (Slag), como respuesta al proyecto “Surrealists with the Fourth International”. En el blog del grupo (que cuenta con una buena lista de enlaces) puede leerse también, a renglón seguido, otro notable texto político, por el grupo surrealista de Atenas.
lunes, 19 de marzo de 2012
Tras Noa Noa
En 1985, Assírio & Alvim publicaba Noa Noa, con el homenaje de Víctor Segalen. A Cesariny le impacta el libro de Gauguin, y más aún su gesto de abandonar Europa, pero en realidad Gauguin se encontró en Tahití con la corrompida sociedad europea que había abandonado, infestando además aquellos parajes paradisiacos. Misioneros, militares, policías, comerciantes, funcionarios, inspectores, juez y obispo... Toda la ralea, en fin, bien pertrechada con su puritanismo y su miseria vital, poniendo a la gente a cubrir sus cuerpos y a trabajar.
Tahití era colonia francesa desde 1860. Gauguin llega en 1891, y escribe al muy poco tiempo: “Nuestros misioneros ya trajeron mucha hipocresía protestante y destruyen gran parte de la poesía, sin hablar de la sífilis que invadió a toda la raza”. Dominaban la enseñanza después de haber sido masacrados los súbditos del rey Pomaré IV no convertidos al cristianismo. ¿Sorprende que Gauguin hasta llegue a hablar de un “régimen del terror”? Se marcha entonces a la isla Hiva-Ova, pero solo para descubrir que allí “la misión es dueña de todo”.
El entusiasmo de Cesariny hacia Gauguin no seré yo quien lo comparta. Creo que a Gauguin lo retrató bien Artaud en Van Gogh el suicidado por la sociedad, y que acertó al ver entre ellos “una fundamental escisión humana”. Ya en Hiva-Ova, Gauguin pensaba volver a Europa... ¡para pintar los toreros y las mujeres morenas de España! Y su mejor amigo a dos pasos de la muerte era un pastor protestante.
¿Y lo de “noa noa”? El mismo Gauguin lo dice: “De toda esta juventud, esta armonía perfecta con la naturaleza que nos rodeaba, se desprendía una belleza y un aroma (noa noa) que encantaban mi alma de artista”. Es ese inefable “noa noa” de los pueblos oceánicos o amerindios lo que siempre ha encantado al surrealismo. Un aroma de libertad y de poesía de la vida.
Al Noa Noa n. 12 siguió “The Ted Oxborrow’s Perpetual Motion Food Magazine. Portuguese Section of the Illinois-Vladivostok Area”. ¡Vaya título delirante! Este fue el n. 1, y carece del interés de cualquier Noa Noa, ya que estas historias de enfrentamientos entre surrealistas cansan de veras –otra cosa bien diferente es el enfrentamiento de los surrealistas con quienes reniegan de la aventura surrealista, llevados en general por los motivos más bajos e inconfesables. Mi curiosidad por saber qué hizo a Cesariny y Cruzeiro Seixas pelearse a muerte es igual a cero. Al dorso de la hoja, Cesariny ha fotocopiado un pasaje de la entrevista, subrayando la cita elegida más esta otra: “Potrò forse dire che il surrealismo è una strada che mi segue?”. No sabemos tampoco qué llevó a Cruzeiro Seixas a decir estas cosas, que nada concuerdan con lo que antes pensaba de él y el surrealismo, ni con lo que pensaría después y hasta hoy. Al contrario, siempre me ha parecido soberbia y de lo más oportuna esta observación suya: “Existe, parece ser, quien esté cansado del surrealismo, pero no puedo dejar de sentir curiosidad por saber lo que descubrieron en su lugar”.
Esperemos que Perfecto Cuadrado –aunque nos sonroje pedirle más de lo muchísimo que ya ha hecho– reúna algún día y publique todos estos “papeles surrealistas” del viejo león de Lisboa: “Noa Noa”, “Food Magazine”, “Bureau surrealista”, la colección “Blenorrágia” de las Edições Esquentamento... Nosotros cerramos hoy esta serie con otra rareza, aunque demos atrás a la máquina del tiempo. En este caso es un tirón de orejas al doctor José-Augusto França, una de las bestias negras de Cesariny. El consagrado historiador del arte había formado parte de la aventura surrealista a fines de los 40 y principios de los 50, pero lo que no le perdonaba Cesariny era su posición catedrática y académica, de gran santón de la cultura portuguesa. “Fora os doutores!”, exclama este surrealista nada conciliable con el estamento universitario, al que veía, en la estela de su adorado Artaud, como gran “usurpador de sentido”. La A.I.C.A. debe ser una de esas muchas instituciones dedicadas al arte, que tal vez rigiera el Dr. França. Tanto “arte” irritaba a Cesariny, como en general a los surrealistas, que nunca se han interesado por el “Arte” –con mayúscula– sino en tanto aventura del espíritu y de la poesía.
La ilustración pertenece a la película de Paulo António de Paranaguá Nadja, filmada en 1966, y Cesariny la ha tomado del primer número de A Phala (1967), la revista dirigida por su amigo Sergio Lima y que hoy consideramos uno de los hitos en la historia colectiva del movimiento surrealista.
“ART IS ARP”
No citamos en Caleidoscopio surrealista este excelente catálogo del Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Estrasburgo (museo localizado precisamente en la Plaza Hans-Jean-Arp), donde son tratadas, con gran riqueza iconográfica, todas las facetas del artista –así, su título completo es Art is Arp. Dessins, collages, reliefs, sculptures, poésie. Apareció a fines de 2008.
Isabelle Ewig abre el fuego ocupándose con acierto de los inicios arpianos y señalando el origen de sus collages no en el cubismo, sino en lo oculto y en la naturaleza. Con el uso de materiales naturales –tanto como con “la alegría sensual de tocar” (expresión con que Gabrielle Buffet-Picabia caracteriza la creación de sus relieves)–, Arp quería acercarse a los pueblos de Oceanía. “Yo actuaba como los oceánicos, que no se preocupan en absoluto, para sus máscaras, de la duración de los materiales, y que emplean materiales perecibles, como las conchas, la sangre, las plumas”. Y también, como ellos: “Mi trabajo está ligado al sueño diurno, sin menospreciar por ello la materia”.
“Arp cara o cruz” es la contribución de Georges Sebbag, como siempre fino y abriendo horizontes. Sus notas sobre el azar como soporte de la invención en sus collages y en sus maderas pintadas son muy certeras, así como el capítulo sobre los papeles estrujados. “Para Arp, el azar es ese acontecimiento natural pero inhabitual que interrumpe el curso habitual de las cosas, deshace nuestra imagen corporal, mina la creencia en la subjetividad y nos hace probar maravillas”.
De la poesía se ocupa Eric Robertson, quien reproduce esta declaración de Arp: “Las palabras han guardado para mí toda una novedad, un misterio. Las manejo como un niño los cubos. Las palpo, las contorneo –como esculturas. Les atribuyo un volumen plástico que no depende de su significación”. Eric Robertson señala cómo a lo largo de los años 30, “los juegos sobre el lenguaje, sin desaparecer, comienzan a ceder el lugar a imágenes cada vez más pesadillescas que comunican un sentimiento de angustia siempre más agudo”.
Otro buen trabajo es el de Guitemie Maldonado, sobre su “lenguaje-objeto” y los elementos de su “enciclopedia”. Menos interés guardan para nosotros sus colaboraciones con Sophie, que son sobre todo obras textiles, y el estudio que hace Isabelle Ewig sobre el Arp puramente abstracto.
Nos acercamos más al surrealismo con los “fatagaga” (“fabrication de tableaux gasométriques garantis”) compuestos al alimón con Max Ernst y que estudia aquí Julia Drost. Aunque se sitúen en el dadaísmo, ya anuncian al maestro del collage que será Max Ernst. Y en pleno surrealismo ya estamos con los siete cadáveres exquisitos que un día de 1937 compusieron Arp, Sophie, Óscar Domínguez, Marcel Jean y Raoul Hausmann. Los estudia Emmanuel Guigon, que es quien mejor podía hacerlo. Veamos este, hecho de arriba abajo por Marcel Jean, Domínguez, Arp y Sophie:
Guigon repite con un trabajo en que enfoca “el placer de destruir” arpiano. Ve en el artista un “doble movimiento simultáneo que ritmara el conjunto de su producción hasta sus últimos días: la voluntad y el azar son los dos polos complementarios de su actividad que conduce hacia un estado de naturaleza resueltamente libre donde la vida pueda aparecer según el ciclo eterno de la destrucción y de la generación”. Cierra el catálogo un trabajo de Thierry Dufrêne sobre su escultura (de la que tenemos un ejemplo al comienzo de esta nota: la “Escultura automática” también llamada “Sombra china”, en piedra calcárea rosa) y el apartado bibliográfico, en el que deseo resaltar la antología de poemas y ensayos que dio a la luz Robert Motherwell en 1948.
“En el espantoso caos de nuestra época, solo algunos raros oasis de pureza se me aparecen aún. El hombre ha sucumbido al frenesí de la inteligencia. Ese demente impregnado de cultura física intenta dominar el mundo por medio de su pseudocabeza. Su inhumanidad lo ha conducido a un laberinto sórdido en el cual no encuentra ninguna salida. La máquina y el dinero son los ídolos que adora con fervor. Su alegría del progreso no conoce límites. Él mide – calcula – pesa – prende fuego – pulveriza – asesina – surca los aires – consume – miente –fanfarronea – arroja sus bombas –y es así como se eleva por encima de las bestias. Por su inteligencia infernal sobrepasa en invención diabólica todo lo que vive. Su locura crece hasta el infinito, así como la confusión de su espíritu y su amor de la porquería. Aprisionado entre los cuatro muros de su inteligencia, todo lo que pasa fuera de él lo deja frío”.
Estas palabras fueron escritas en 1946, pero ¿no las hubiera Arp refrendado en el presente?
lunes, 12 de marzo de 2012
“Debout sur l’Oeuf” n. 1 (II)
Prosigamos el comentario de esta revista-objeto, que es la primera revista surrealista aparecida en Portugal, ya que ninguno de sus precedentes merece ese calificativo. De Unicornio-Pentacornio (1951-1956), lo menos que puede decirse es que una revista dirigida por José-Augusto de França no puede ser surrealista. Los Cadernos Surrealistas y Contrapunto son colecciones, no revistas, del mismo modo que A antologia em 1958 pregona lo que es desde su título. Grifo, ya de 1979, no es más que una recopilación de inéditos, en la que ni está Mário Cesariny, cuya ausencia en cualquier publicación colectiva lusitana la descalifica como surrealista. Y no menos a contrapelo podrían calificarse de surrealistas los números de Pirâmide (1959-60) o de Serpente (1961). Debout sur l’Oeuf sí es una revista surrealista, por los cuatro costados, y se alinea más que dignamente con las numerosas revistas que jalonan la historia del surrealismo desde La Révolution Surréaliste, o, si se prefiere, desde la segunda serie de Littérature.
Siguiendo con los cuadernos integrados en esta caja mágica, el n. 22 asocia tres poemas de Laurens Vancrevel a una pintura muy característica de John Welson, mientras que en el 7 tenemos una imagen impactante, presentada como “objeto mágico-peligroso” (“¡Atención! Manejar con cuidado. En caso de dudas, hacer señal al maquinista”): el óleo de Susana Wald “La vuelta del futuro” apresado por la navajilla de “Tiempo cortante”, un objeto circulante sobre papel de arena chino obra de João Van Dam, otro de los componentes de la Cabo Mondego:
Susana Wald nos lleva a otra de las virguerías de la revista: el cartón con un poema de Beatriz Hausner por un lado y un collage de Ludwig Zeller por el otro, y atada con cuerda una concha con la letra J.
Más piezas: de Miguel Ángel Huerta (una turbadora pintura); de María Prado (un poema y un bello óleo de sabor años 20-30); del noble amigo conquense de los surrealistas portugueses, Juan Carlos Valera (un poema, dedicado a Mário Henrique Leiria); del infatigable Guy Ducornet (el divertido collage “La pesca milagrosa”, con que abrimos esta nota); del no menos infatigable Zuca Sardan (una de esas cartas maravillosamente hilarantes, llenas de dibujos y de versos originales, que recibimos algunos de los pocos mortales afortunados que vagamos por este mundo); de Allan Graubard (un poema y una prosa); del componente del dinámico grupo londinense Slag Merl Fluin (tres textos automáticos); de Antonio Beneyto (un facsímil del extenso “fragmento en Polonia”, “sin corregir y sin censura”, del “Diario de un artista suicida”).
Destaquemos aparte, por su perfil ensayístico, la conferencia de Guy Girard “Lo maravilloso surrealista y el Extremo Oriente”, acompañada por la reproducción de “El castillo del doble sol” Y el texto de la presentación de la caja de habanos con los cuadernos de los Cantos a la mujer nocturna, de Sergio Lima, otra joya editorial de Miguel de Carvalho. Dejando a un lado algunas observaciones tontas de los periodistas (esa raza ya no tiene solución, por lo que no se entiende que, en la reciente exposición de Praga, algunos surrealistas se prestaran a responder a sus necias preguntas), Sergio Lima encuentra ocasión de lanzar algunos espolazos bien necesarios, contra la informatización de la vida, contra la tiranía del “texto”, contra la “idiotez” de los especialistas, contra la policía de todo signo –a la vez que da unos apuntes de gran interés sobre su riquísimo libro Collage (1984), en el que el lector tiene que empezar por recortar las imágenes elegidas por él y pegarlas en su espacio correspondiente.
En el terreno de los manifiestos, tan solo el ánimo de ser exhaustivo me hace citar el dedicado a la siniestra Frida Kahlo , sobre cuyo estalinismo el maestro Granell, en uno de nuestros encuentros madrileños, me levantaba sospechas acerca de si hasta no habría participado en el asesinato de Trotsky; el propio Granell es nombrado en este escrito, con motivo del silencio de los críticos de arte portugueses al exponer por cuarta vez en Portugal, y si el manifiesto tiene algún sentido es precisamente por su ataque a los comisarios y críticos de arte portugueses (etc.). Algo bien distinto es la traducción del folleto “Por sus voces hablaban Magón y Zapata”, firmado por el grupo surrealista de París en 2010 y que, por cierto, cierra el volumen de Guy Girard Insoumission poétique, recopilación de los manifiestos y declaraciones de dicho grupo de 1970 a 2010. Aquí tenemos la última instantánea del amor nunca desmentido de los surrealistas hacia los pueblos amerindios, instantánea motivada por el asesinato a manos de fuerzas paramilitares de dos simpatizantes de los admirables indios triquis, cerca de Oaxaca.
La edición especial de 30 ejemplares numerados incluye: la foto erótica de Marlo Broekmans que ilustraba la primera parte de esta reseña; el dibujo a tinta china y acrílico dorado con pluma de gaviota sobre papel de Seixas Peixoto “Cabo Mondego”, con el cual cerramos esta nota; la pintura automática colectiva de Rik Lina y Miguel de Carvalho “Hojas muertas”, con poema impreso sobre acetato del segundo; una pintura automática sobre papel de Gregg Simpson; el dibujo a tinta china sobre papel de Rik Lina “Hurricane Machine”; y la reproducción del objeto de Guy Ducornet “Puño levantado”. Todo realizado en 2010, menos la foto, que es de 1996.
Europa de lo oculto
Serge Fauchereau y Joëlle Pijaudier-Cabot son los organizadores de este vasto dossier de más de 400 páginas y repleto de bellas y muchas veces poco conocidas ilustraciones, que acompaña una exposición que transita de Estrasburgo a Berna.
Tras una breve introducción de la organizadora, Daniel Bornemann traza un hábil panorama, que titula “Los senderos infinitos de lo imaginal”. Si la fecha de arranque es 1750, o sea cuando, en pleno corazón de las Luces, se produce un resurgir de lo hermético, no puede faltar una mirada retrospectiva, al Renacimiento, en que se produjo un fenómeno paralelo, enfocándolo Anny-Claire Haus, quien se centra en las figuras de Cranach el viejo, Durero, Mantegna y Hans Baldung Grien, de quien, por cierto, se reproduce su cuadro El palafrenero embrujado, que André Breton hizo formar parte de las once imágenes que interrogaban sobre el arte mágico en el monumental clásico de 1957.
El catálogo tiene cinco partes: “Lo romántico y lo oculto”, “Simbolismos”, “Abstracciones y otras expresiones de vanguardia”, “Constelaciones surrealistas” y “Cuando la ciencia medía los espíritus”.
En la primera parte, Serge Fauchereau indaga en “el negativo de las Luces”, yendo de Swedenborg a Víctor Hugo. Roland Recht se ocupa de la pintura alemana, en especial de los tres grandes: Carus, Runge y Freddie. Y Antonio Bonet hace una nota sobre “Goya y la tradición negra de la pintura española”.
La época simbolista la domina perfectamente Fauchereau, quien vuelve a realizar un demorado viaje por “lo oculto” en las diferentes vertientes creativas de la época. Los trabajos son aquí más concretos: Laurence Perry habla de Edouard Schuré y Los grandes iniciados, Olle Granath de los pintores Carl Fredrik Hill y Ernst Josephson, Osvaldas Daugels de Ciurlionis (a quien Fauchereau dedicó hace unos años una espléndida monografía) y Koëlle Pijaudier-Cabot de la danza.
En el capítulo de las abstracciones, de nuevo presentado por Fauchereau, Christoph Wagner se ocupa de “Las vanguardias y los dispositivos del esoterismo”, Estelle Pietrzyk de Arp y la naturosofía y Osamu Okuda de “la metamorfosis mediúmnica en Klee”.
Claro que el capítulo que más nos interesa es el siguiente. Fauchereau aquí, titulando sus páginas “La magia reencontrada”, no deja de hablar del “surrealismo según Breton”, la “vulgata surrealista”, las “manifestaciones oficiales del surrealismo”... Casi diríamos que esta es la parte menos interesante de la obra, ya que el ensayo siguiente, de Annie Le Brun, pese a poseer su brillantez acostumbrada, no es de lo mejor de ella. Aguda es su disquisición sobre Le Grand Jeu: “Sean las que hayan sido la altura y la intensidad de las preocupaciones de personajes como René Daumal, Roger Gilbert-Lecomte o Rolland de Renéville, su orientación cada vez más acentuada hacia una ascesis espiritual, por no decir religiosa, conducente a «liberarse de lo sensible que nos oculta una realidad superior», acaba por negar la dinámica del deseo de la que los surrealistas no disociaron nunca lo maravilloso”.
Si Fauchereau llama a Victor Brauner “el artista más emblemático de esta exposición”, hay un nombre que brilla por su ausencia, en verdad inexplicable: Maurice Baskine, surrealista y alquimista, cuya obra comienza a desplegarse en los años 40. No solo Baskine es una figura muy activa en el surrealismo de aquellos años, sino que la retrospectiva de 2003 en Cordes sur Ciel, con textos de Paul Sanda, Alain-Pierre Pillet, Jean Saucet, Michel Butor, Aimé Patri y Jehan Van Langhenhoven, así como el dvd de Jean Desvilles en el mismo año, impiden decir que sea un artista olvidado. El creador de la “fantasofía” es para nosotros uno de los grandes nombres del surrealismo, y el único artista alquimista del siglo XX que conocemos. Merecía en esta vasta obra incluso una nota particular. He aquí su tríptico “La reina loca”:
Joëlle Pijaudier-Cabot dedica un artículo muy sugestivo al art brut y el espiritismo, y si nos son suficientemente familiares los nombres de Lesage y Crépin, agradecemos la atención a otros más “ocultos”, como Laure Pigeon, Madge Gill, Comte de Tromelin, Madame Bouttier, Marguerite Burnat-Provins, Jeanne Tripier y Élise Müller, las dos últimas enfocadas en sendas páginas de Lucienne Pery y Savine Faupin.
El capítulo científico, desde Mesmer, sorprende por los cacharros y por las muestras de la conexión fotografía-ciencias ocultas.
En suma, una gran obra y un gran trabajo, sobre una materia que interesó al surrealismo desde sus propios albores. Editan los Musées de Strasbourg.
Noa Noa n. 11: contra los enterradores del surrealismo
Mário Cesariny dedica este beligerante número noanoesco a los dos caudillos del liquidacionismo surrealista: Jean Schuster y Jose Pierre. Se tuvo el trabajo de copiar el manifiesto que les habían dedicado los surrealistas argentinos con motivo de su última impostura, que tuvo lugar en São Paulo durante una llamada “Semana surrealista”, en la que los dos vividores a costa del surrealismo fueron convidados “de honor”.
No hace falta volver sobre una cuestión hace tiempo zanjada y en la que hoy cae el oprobio total sobre Jean Schuster en particular, pero también sobre su grupo de secuaces. Creían enterrar el surrealismo, pero se estaban enterrando a ellos mismos. ¡Que le vinieran a decir, al viejo león de Lisboa, unos señoritos de París, que el surrealismo se había acabado porque ellos así lo decretaban! ¡Váyanse ustedes a paseo! ¡Sálganme de aquí con el rabo entre piernas!
Schuster es tratado por los argentinos como embustero y mentiroso, y Jose Pierre como parásito del arte surrealista. Pero si de Schuster muy poco queda, de Jose Pierre restan algunos libros magníficos sobre el arte y los artistas surrealistas. Cuando Jose Pierre estaba con su amigo era tan dogmático e intolerante como él, pero, como era también –¡afortunadamente!– un viva la virgen, de pronto podía, como en L’univers surréaliste (1983), decir que lo único que había acabado era el grupo de París, posición que en nada coincidía con lo que venían machacando Schuster y sus amigos, empezando por él mismo, ni con lo que fue diciendo en São Paulo. Del mismo modo, tras ignorar en la misma obra la existencia de Cesariny (y del surrealismo portugués), prefacia la traducción que Isabel Meyrelles hace de su poesía en 1994 (Labyrinthe du chant, colección “Clásicos de la poesía portuguesa”, L’Escampette), destacando el “papel mayor que en Portugal Mário Cesariny ha jugado y continúa jugando en la difusión del surrealismo y de sus «valores»” (cursivas mías). Ese prefacio era magnífico, ya que no se trata aquí de cuestionar la valía de Jose Pierre, como tampoco de ser retroactivos con las “batallas” por el surrealismo llevadas a efecto por Jean Schuster antes del “decreto funerario” del 69.
Precisamente ejerciendo de empresarios de pompas fúnebres, me los encontré yo en la Dulcería Egon de La Orotava en 1989, con motivo de una exposición sobre historia del surrealismo que tenía lugar en el Caam de Las Palmas de Gran Canaria, sin interesarme lo más mínimo trabar relación alguna con ellos, a diferencia de lo que hice con mi inolvidable Edouard Jaguer.
Aunque la hazaña liquidacionista está ya difunta y bien difunta, y al surrealismo ya no le interesan esas historias trasnochadas, este “manifiesto” sigue siendo válido para todas las chácharas (habladas o escritas, pasadas o recalcitrantes) de los enterradores del surrealismo que formaron parte del surrealismo.
Breves
Sobre el nuevo relato de Mattias Forshage, remitimos a http://terrestrialcephalopod.blogspot.com, un blog delicioso en el que además agradecemos la nota dedicada a Caleidoscopio surrealista.
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Han desaparecido recientemente el bretón Jean-Pierre LeGoff, amigo del grupo parisino a caballo de los 60 y los 70 (aunque no colaboró ni en L’Archibras ni en el BLS) y protagonista luego de interesantes acciones antiespectaculares, y Joseph Noiret, que estuvo en el llamado “Surrealismo Revolucionario”, Cobra y la revista Phantomas (que, por cierto, poco honor hizo a su glorioso nombre).
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En el centenario Granell, se publica el libro del maestro Arte y artistas de Guatemala, presentado en la Galería Guillermo de Osma. Una buena ocasión de darnos un salto, de la mejor mano y manera posible, a un país muy poco conocido, a donde llegó Granell en 1946 y de donde tuvo que marcharse ante el hostigamiento estalinista (lo llamaría “pequeña Checoslovaquia americana”), como antes de Puerto Rico por negarse a firmar un documento de adhesión al régimen del dictador Trujillo.
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Reproducimos esta nota sobre la publicación de 100 años de Matta. El inverso del universo, aparecida en la página “Hojas del Árbol de la Poesía”:
“Este bello «libro catálogo» a cargo de Enrique de Santiago y Ximena Olguinque lo acaba de publicar la fundación ItaúdeChile, en celebración de los cien años del nacimiento de Roberto Matta, uno de los pintores latinoamericanos participantes en el movimiento surrealista de entreguerras más destacados. Prosigue la tradición elegante y de gran formato que adoptaron las publicaciones del «mouvement» francés a partir de la revista Minotaure (1933-39), conjugando en su contenido, de manera siempre magistral, la imagen plástica y la verbal… Receta o fórmula libertaria y emancipadora a la que renunciaría, por ejemplo, a partir de su n. 10, la revista Salamandra, órgano de difusión de los actuales surrealistas españoles, en un ataque de pánico puritano e iconoclasta, para ir a parar en una ascesis pretendidamente anticonsumista y anticapitalista. Por fortuna, esta tradición, que no renuncia a conjugar el lujo y la belleza editorial con la calidad poética y pictórica, cuenta en la actualidad con editores de la talla impecable de Miguel de Carvalho en Portugal o Enrique Lechuga en Canadá… Porque nada resulta más subversivo hoy en día que profesar de nuevo el culto de la belleza en un mundo mortalmente feo y repulsivo como el que nos ha tocado en suerte… que no resulta tolerable sino a condición de vivir borrachos o drogados, como quería Baudelaire”.
Participan en esta publicación, y en la exposición que la ha acompañado, Sara Ávila, Victor Chab, Jean Claude Charbonel, Gerardo Chávez, Miguel de Carvalho, Enrique de Santiago, Guy Ducornet, Rikki Ducornet, Freddy Flores Knistoff, Guy Girard, Hervé Girardin, Raúl Henao, Jorge Kleiman, Rik Lina, Carlos M. Luis, Mordant Thomas, Mario Murua, Fernando Palenzuela, Ody Saban, Laurens Vancrevel, Lennin Vásquez Concha, Rodrigo Verdugo Pizarro, Susana Wald, John Welson, Ludwig Zeller y el grupo surrealista de São Paulo.
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