domingo, 31 de julio de 2016

Seres totémicos emergiendo de la hierba


De nuevo asistimos a una colaboración entre Allan Graubard y Gregg Simpson, sino que ahora los textos de aquel no casan con collages de este, sino con dibujos a tinta negra. Son diez poemas con diez dibujos, más cuatro a tinta roja que pasan de una página a otra.
Tras Night Hawk y The Garden of Hesperides, estas sirenas vuelven a hacer sonar la noble tradición tan surrealista de la inspiración aliada.
“The monkeys are angry tonight / The crescent scorpion moon in that soft glimmering electric storm // Jungles drip into slim glasses / Undersea migrations / Totemic beings emerge from the grass // Suicide Alley kneels down to freshen its visions / Once we were there // Plutonic rhapsody played for the last time / The glittering sea // Drinks in the basement where dusk wrings its yellow fingers / Over an empty word // On any watery vacuity / Solaric intensities graven in emerald // Lightning, lowing and distant / Rain and whiffs of salt // Sometimes in the back seat overlooking Beverly Hills”

Gregg Simpson, Sirenes

Radovan Ivsic y el bosque insumiso

Rik Lina, Forest moon, 1995

El pasado otoño tuvo lugar en el Museo de Arte Moderno de Zagreb la exposición “Radovan Ivsic et la forêt insoumise”, y para acompañarla fue publicado un volumen coeditado con Gallimard y por tanto muy fácil de obtener. Consta de 200 páginas con muchas fascinantes reproducciones en color y un extenso ensayo de Annie Le Brun.
El mundo poético y dramático de Radovan Ivsic, todo él ya felizmente asequible en la propia Gallimard, es evocado de modo inmejorable en su encuentro con imágenes y objetos, funcionando como clave lo que de insumisión hay en la realidad y el símbolo del bosque, erigido contra la civilización judeo-cristiana, burguesa y tecnológica. Como yo me muevo por un bosque todos los días (actividad gratificante, absolutamente, aunque con el coste heroico de tener que ir esquivando los signos malignos de conversión en un polideportivo y de reducción a un parque-reserva turístico que se observan en él, como en casi todos), puedo apreciar con especial delectación tanto este conjunto de imágenes como el ensayo agudo y profundo de quien tantos años fue la compañera de una figura surrealista excepcional como ha sido Ivsic. Solo echo en falta, en la galería de reproducciones surrealistas, un poco más de audacia, como sería la evidente de incluir a Rik Lina, el pintor-poeta de las profundidades forestales (y submarinas).
Esa galería cuenta, en un sentido amplio, con los nombres de Styrsky, Heisler, Toyen, Matija Skurjeni, Masson, Tanguy, Lam, Gabritschevsky, Miró, Benoît, Schröder-Sonnenstern, Scottie Wilson, Meret Oppenheim... Nombres de épocas pretéritas, o de la pintura llamada “naif”, son Courbet, Altdorfer, Doré, Víctor Hugo, Felicien Rops, Ivan Generalic, Slavko Kopac... Súmense a ellos las obras de poco conocidos artistas croatas y las de fotos de bosques devastados por la guerra (volviendo al párrafo anterior, no deja de haber una equivalencia degradante con las que podrían hoy sacarse de esa legión de cretinos que corren por todas partes, no perdonando ni los más recónditos senderos de los bosques).
Máscara del Diablo de la Bemposta, Portugal
En el ensayo de Annie Le Brun funciona como detonante una conocida frase atribuida a Chateaubriand, aunque no figura en ninguno de sus escritos: “Los bosques preceden a los hombres, los desiertos les siguen”, y entre los referentes que luego se suceden tenemos a Max Ernst, el aduanero Rousseau, Martinique charmeuse de serpents (y los cuadros selváticos de Masson), la célebre imagen de Magritte con la frase “Je ne vois pas la... cachée dans la forêt”, la materia de Bretaña, las revelaciones románticas y simbolistas, el fabuloso “bosque de los sueños” de los aborígenes australianos, los cuentos populares con sus pruebas y aventuras y la cultura popular de las máscaras, enlazando siempre la escritora todo ello con la obra de Radovan Ivsic, con “la formidable interiorización del bosque que inerva su lenguaje”. Convulsivas máscaras para la extraordinaria pieza Le roi Gordogane (que ha disfrutado también de dibujos de Skurjeni) hicieron Toyen en 1976 y Jacques Bioulès en 1989, valiéndose de elementos boscosos.
Formidable sin duda alguna es, por terminar con palabras de la ensayista, este “puzzle de sensaciones, de deseos, de miedos, de impresiones, de ideas... que se ha constituido para evocar el universo sensible de Radovan Ivsic”. Es un gran homenaje que redondea gloriosamente la lista de libros aparecidos desde 2004: Poèmes, Théâtre, Cascades, À tout rompre y Rappelez-vous cela, rappelez-vous bien tout, este último publicado a tiempo de recibir una reseña nuestra. Un conjunto que es un tesoro vivo del surrealismo, un bosque de sueños y poesía.

miércoles, 27 de julio de 2016

Surrealistas checos y eslovacos y André Breton


Abrimos otra pequeña antología con este retrato de Jiri Kolar, y la continuamos con las portadas de Toyen para Los vasos comunicantes y La lámpara en el reloj, su dibujo en la serie Ni alas ni piedras. Alas y piedras, el admirable libro objeto de Heisler y las portadas de Vaclav Zykmund para L’air de l’eau (que él mismo tradujo y editó) y de Sima para Nadja.
Un texto muy divulgado, pero que vale la pena siempre recordar, es el de Albert Marencin:
http://arcagulharevistadecultura.blogspot.com.es/2016/01/albert-marencin-andre-breton-y-los.html

Los vasos comunicantes, 1934,
portada de Toyen
La lámpara en el reloj, 1948,
portada de Toyen









Toyen, serie Ni alas ni piedras. Alas y piedras, 1949


Jindrich Heisler, libro-objeto-poema para André Breton,
L'amour fou, 1950

domingo, 24 de julio de 2016

Surrealistas belgas y André Breton

Jacques Lacomblez, L'air de l'eau, 1999

Presentamos hoy un pequeño y selectísimo  dossier de homenaje belga a André Breton. Lo componen:
El poema de Mesens “Le troisième front”, lo que aprovecho para señalar una errata recién descubierta en Caleidoscopio surrealista, p. 265, ya que allí se dice que este poema se publicó en el n. 2-3 de VVV (1943), cuando realmente apareció en el n. 4 (1944). Extrañamente, no fue reproducido en L’alphabet d’étoiles d’E.L.T. Mesens (2012).
El artículo elegiaco que le dedicó Marcel Lecomte en 1966, y que fue además el último que escribió –­Lecomte solo le sobrevivió siete semanas.
Cuatro preciosas imágenes de una de las figuras más grandes que ha dado el surrealismo en aquella tierra, Jacques Lacomblez, cuya obra de enorme calado poético prosigue imperturbable en lo que llevamos de siglo (¡y desde 1950!). Hemos elegido las que conocemos en color, pero hay otras: “A moi la fleur du grisou” (verso de “Le puits enchanté”), “Mais où sont les neiges de demain?” (frase de “Il y aura une fois”, la soberbia introducción a Le revolver à cheveux blancs), En marge de “Poisson soluble”... Si Point du jour y L’air de l’eau son dos conocidas obras bretonianas, el verso “du luxe et du feu des grandes profondeurs”, que da título al cuadro que vemos de inmediato, pertenece a uno de los poemas de Martinique charmeuse de serpents, “Ferrets de la Reine Noire”:
“A l'autre extrémité de l'archet, le marché aux poissons déroule ses fastes aux lueurs sidérales du diodon, du coffre et de toute la gamme, du jaune soufre au violet évêque par les plus hardies zébrures, les plus savants mouchetages, les plus capricieux glaçages, de vrais poissons-paradis ardents comme des gemmes. Ce qui confère à cette pauvre lucarne en plein ciel son trouble caractère, c'est aussi que viennent mourir à elle quelques étincelles du luxe et du feu des grandes profondeurs. Sous l'étal miroitant à l'infini, dans l'ombre s'amoncellent, gorgées de roses rouges et roses, les conques vides de lambis dans lesquelles fut sonnée la révolte noire très sanglante de 1848”.

Jacques Lacomblez,
...du luxe et du feu des grandes profondeurs (A. Breton)


Jacques Lacomblez, Point du jour, à A.B., 1998




Jacques Lacomblez,
La forêt interdite ou les Fées au vert, à A.B., 1998

miércoles, 20 de julio de 2016

Valery Oisteanu

En el último número de Infosurr hemos de destacar la reseña muy rica que Laurens Vancrevel hace de Anarchy for a rainy day, ya que vale como introducción a una figura que, como otras de los Estados Unidos, ha escapado a los panoramas que se han centrado en el grupo originado en Chicago. Oisteanu nació en la Unión Soviética en 1943 y hubiera sido el único surrealista ruso de todos los tiempos, si no fuera porque se formó realmente en Rumanía y desarrolló toda su obra en los Estados Unidos. Aunque muy marcado por el dadaísmo y abierto a corrientes como la literatura beat, y por mucho que el predominio ideológico marxista-leninista del grupo de Franklin Rosemont lo hayan llevado a trazar su propio camino, Oisteanu es un nombre del surrealismo. De hecho, entre 1973 y 2015 fundó con otros amigos el colectivo Poets and Artists Surreal Society, y en 1978 colabora en Dream Helmet como en tiempos recientes aparece en Lo que será, A Phala o The Annual. Es autor de una docena de poemarios (acompañados de fotos y collages), de un libro de relatos y otro de ensayos y de infinidad de artículos; además, es otro de los nombres del surrealismo cercanos al jazz, incluso colaborando en las sesiones de Jazzpoetry. El libro que reseña Laurens Vancrevel incluye homenajes a muchos nombres del surrealismo, como Paul Delvaux, Tristan Tzara, Arshile Gorky (quien “habla” con Jackson Pollock), Eugenio Granell (este, reproducido en el n. 3 de A Phala), Simon Vinkenoog, Gellu Naum, Sarane Alexandrian, Philip Lamantia y Ted Joans.
Elegimos reproducir los poemas a los últimos cuatro nombres citados, pero también el texto de Vancrevel, inmejorable presentación de este poeta.






















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Le poète et collagiste Valery Oisteanu a trouvé la liberté d’expression ainsi que le nouveau monde du surréalisme et les échos de Dada lorsqu’il s’est établi à New York en 1973, après un parcours difficile à travers le monde communiste, ou plutôt stalinien. Il est né en 1943 dans la ville minière Karaganda en Kazakhstan, lieu redouté de camps staliniens, de travaux forcés et d’exil contraint de minorités ethniques d’Union soviétique; il y a vécu jusqu’en 1954. À cause d’un antisémitisme renaissant et de la répression de la communauté juive, son père décida qu’il fallait essayer à quitter l’Union Soviétique et passer secrètement en Roumanie, dont le régime communiste avait une réputation relativement plus favorable , même envers les juifs – malgré le fait que les juifs roumains étaient constitutionnellement exclus des droits civils. Ainsi, Valery Oisteanu devint un «juif roumain» à l’âge de 11 ans. Il dû échanger son éducation russe pour la roumaine. Il fut un lycéen et un étudiant brillant; il reçut le diplôme d’agrégé en chimie à l’école polytechnique de Bucarest. Il écrivait des poèmes en roumain; en 1970, il publia à Bucarest son premier recueil, Proteze [Prothèse]. Lorsque la vie devenait de plus en plus pénible sous la dictature de Ceauscescu, il sollicita l’autorisation d’émigrer en Amérique. Cette autorisation, qui n’était pas accordée aux citoyens roumains sans paiement d’une compensation énorme des services d’état reçus, était accordée tout de suite aux juifs…
Arrivé à New York en 1973, Oisteanu changea de langue pour la deuxième fois. Il trouva vite son chemin dans cette ville polyglotte et cosmopolite. L’œuvre de Tristan Tzara, le dada roumain, qu’il lu alors pour la première fois, devait rester sa source d’inspiration majeure. Il entra en contact avec des poètes de la génération « beat » tels que Ted Joans, Ira Cohen, John Digby, Bill Wolak, proches des idées du surréalisme. Il rencontra aussi des artistes d’avant-garde tels que Julian Beck et Judith Malina du Living Theatre qui furent des amis fidèles. Le poète Charles-Henri Ford, l’ami des surréalistes dans les années 40, entretenait une sorte de salon d’artistes dans son vaste appartement du Dakota building, et celui-ci priait Oisteanu de se joindre à ces rendez-vous.
Valery Oisteanu, Autorretrato
En 1977, Oisteanu publia son premier recueil de poèmes en anglais qu’il avait présentés à ces sessions de poésie-jazz. Il s’adonnait à l’art du collage et il exposait ses créations dadaïstes-surréalistes dans des galeries d’art expérimental. On lui suggéra de rejoindre le groupe des surréalistes à Chicago, mais leurs déclarations marxistes l’avaient refroidi après ses mauvaises expériences avec la pratique du marxisme au Kazakhstan et en Roumanie; il préfére une attitude libertaire et veut rester indépendant de toute sorte de groupe organisé sur une doctrine. Par contre, il fonda le cercle surréaliste informel, appelé «Poets & Artists Surreal Society» (PASS), auquel il invitait ses amis John Digby, Bill Wolak, Charles Simic, Nanos Valaoritis, Marie Wilson, Allan Graubard, Jordan Zinovic, Nina Zivancevic, Paul Mc Randle et autres sympathisants du surréalisme. Sous l’enseigne de PASS, des éditions surréalistes ont vu le jour. Son plus récent recueil (le dixième en langue anglaise), Anarchy for a Rainy Day [L’Anarchie comme une poire pour la soif] (2015), contient de très forts poèmes politiques et humoristiques qui font penser au Je ne mange pas de ce pain-là de Benjamin Péret ; ainsi le fulminant «The Crime of Free Expression» se termine par ces lignes:
«Occupez Wall Street n’est pas mort, il est devenu global ! / Occupez la Paix ! Occupez l’Environnement ! / Occupez la Connaissance ! Occupalooza Bébé ! / Ne vous laissez pas doubler par le temps ! / Occu, Occu, Occupez ! le vaste monde entier.»
Magnifique est son poème-manifeste sur surréalisme à venir, «Surreal Cosmos: Letter to a Future Generation»:
«Résistez. Provoquez. Inspirez et Illuminez. / Ce sont là quelques outils de l’avenir surréaliste / De façon magique nous avons choisi tous la même longueur d’onde / Nous partageons le désir de nous unir dans une révolution de la pensée.»
Le recueil se termine par un groupe de beaux poèmes hommages à plusieurs amis disparus ces dernières années : Sarane Alexandrian, Ted Joans, Ira Cohen, Philip Lamantia, Simon Vinkenoog, Judith Malina et autres. Ce livre explosif annonce l’impérieux avenir de la liberté et de la poésie. Peu avant sa mort, Judith Malina commentait ce beau recueil par les mots suivants: «Lire Valery Oisteanu c’est pénétrer dans soi-même et resurgir muni d’un vocabulaire dont vous ne saviez pas qu’il existe.»
(Laurens Vancrevel)

Miscelánea


Analogon dedica su número 78 a la repulsión y el asco, combinando como de costumbre textos del grupo checo y eslovaco con colaboraciones del movimiento surrealista internacional y con escritos clásicos que se han ocupado de la materia en liza.

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Joël Gayraud escribe sobre las esculturas de Virginia Tentindó:
Y también, en el excelente blog de Isabelle Dalbe, puede verse ahora mismo el cartel de la exposición de Jean-Pierre Paraggio que se inaugura en unos días:

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En Pham Press acaba de aparecer otra de las rutilantes colaboraciones entre Alan Graubard y Gregg Simpson, titulada Sirenes, que comentaremos de aquí a un par de semanas.

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Juan Sánchez Peláez, gran surrealista venezolano, es la figura que ha comenzado a enfocar Xesús González Gómez en el blog del Grupo Surrealista Galego:

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En el museo nacional de arte moderno de París, se celebra, a partir del 19 de octubre, una exposición dedicada al movimiento egipcio Art et Liberté, centrado en los años 30 y 40 en la figura de Georges Henein (“Art et liberté. Le surréalisme en Egypte”).

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Vigente, desde el 12 de junio, está la exposición dedicada a Schwitters, Arp y Miró, en Zurich:

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Acaba de aparecer en las ediciones Vinea de Bucarest una edición bilingüe (con el manuscrito rumano en facsímil) de El vampiro pasivo de Ghérasim Luca: Le Vampire passif/Vampirul pasiv. El texto de Petre Raileanu es posible leerlo en su página:

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Esta foto de Javier Gálvez (“Breton, el proyector... Breton, le projecteur... Breton, the projecteur... Breton, projektor...”) podía haber ido en el homenaje de Peculiar Mormyridin.

domingo, 17 de julio de 2016

André Breton, 1966-2016

Guy Ducornet

En septiembre de este año se cumple el cincuentenario de la muerte de André Breton. Es el momento de recordar aquí el trabajo, excepcionalmente documentado y certero, que Jesús González Gómez le dedicó, en 2012, a los comentarios aparecidos en la prensa española en 1966. Dividido en varias partes, puede seguirse a partir de la primera de sus entregas:

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John Richardson, Homenaje a André Breton

A la vez, ya que, debido a su funcionamiento catastrófico, no hay modo de que los correos canarios me hagan llegar los números impresos de Peculiar Mormyrid, vuelvo a tejer algunos comentarios al estupendo homenaje a André Breton del n. 3, consultándolo en su página.
Ya hice una descripción general, por lo que ahora destaco una serie de contribuciones. Así, el largo poema colectivo del Grupo Surrealista de París. El divertido relato de la agresión bretoniana a Ilya Ehrenburg que ha hecho el gran surrealista de Otawa Jason Abdelhadi. El precioso poema-objeto de Élise Aru “La noche del girasol”, traslación visual del famoso poema “Girasol” de Breton. El dibujo de Maurizio Brancaleoni “La mujer de cabellera de bosque”, junto a un poema suyo a Breton. El poema de Alex Januário, que comienza con estos versos: “Recuerdo su castillo de mirada salvaje / en un círculo de fuego y profundas raíces de cristales / esculpidas por la rebelión del sueño en noches envenenadas por el cuerpo amoroso”. La escultura-homenaje de Virginia Tentindó, con un bello texto de Joël Gayraud en que la figura femenina es Mélusine. El dibujo Amour-fou de Rik Lina.

Élise Aru, La nuit du tournesol

La sección de sueños y encuentros es muy rica, y se abre con David Nadeau, a quien Breton se le aparece vestido de explorador británico. De Craig Wilson hay dos sueños-encuentros, uno en el sur de Illinois y otro en una gran piscina cubierta, con las piernas bretonianas convertidas en una cola de pez gigante. Paul McRandle juega con él en un hotel neoyorquino, allá por 1946. Mari Brothers (precioso texto) nos traslada a la Grecia de los años 30. Joël Gayraud refiere tanto un sueño con máscaras como un hecho de azar objetivo. Dan Stanciu nos descubre a un Breton especialista en música moderna (“Veo en mis sueños un disco de vinilo, el álbum de un grupo llamado WITT, cuyo solista se llama Mills. El título del álbum es El niño alado internacional, y las piezas grabadas están tomadas de la banda sonora de un dibujo animado homónimo. En la contraportada del disco se puede leer un comentario de André Breton”). Y de Jean-Pierre Guillon ha sido un acierto extraer uno de los pequeños fragmentos oníricos de Les nuits du veilleur de nuit.

Rik Lina, Amour-fou, homenaje a André Breton

Escasas resultan en cambio las respuestas al “Ouvrez-vous?” actualizado a la figura de Breton. No parece que hubiera sido difícil obtener una mayor cantidad. Yo estoy seguro de que Breton se hubiera interesado mucho más por interrogarnos a nosotros sobre el mundo y sobre el devenir del surrealismo que por contestar a nuestras dudas sobre él. Entre las respuestas, por su carácter conmovedor, me quedo con la de Penelope Rosemont: “Lo considero el mejor amigo de siempre. Sería maravilloso verlo. Quizás la mayor influencia en mi vida. Igual que ayer, aunque hayan pasado 50 años. En el ojo de mi mente, aún lo estoy viendo claramente, y a Toyen, y a los amigos de París”.

miércoles, 13 de julio de 2016

La noche absoluta de Alex Januário

Sergio Lima, ilustración de A noite absoluta
En Perspective dépravée, Annie Le Brun concluye asociando la debacle natural de las últimas décadas a la pérdida de fuerza subversiva de la poesía, que dominantemente se limita a las especulaciones lingüísticas que no reenvían sino a sí misma. Una de las raras excepciones a esa dimisión de la poesía nos la ofrece ahora Alex Januário con la docena de poemas que componen A noite absoluta.
Alex Januário es sobre todo conocido por sus collages, pero estos en realidad no son sino su medio expresivo más habitual de encarnar la revuelta de la poesía. Animador fijo del grupo brasileño Decollage, interviene en muchas de las actividades internacionales del movimiento surrealista, al que aporta una exaltación que, tengo el convencimiento, hubieran llevado al propio André Breton a incluirlo en una lista ideal del surrealismo hoy. De hecho, este cuaderno poético hace constar su publicación “en enero/febrero de 2016, cien años después del encuentro de André Breton con Jacques Vaché en Nantes”, como forma de afirmar la continuidad ya secular de la aventura surrealista, en un año en que también se celebra la vitalidad permanente del signo bretoniano, cincuenta años después de la desaparición “física” del fundador del surrealismo.
A noite absoluta lleva una nota introductoria, acertadamente breve, de M. R. Salgado, quien señala cómo esta es una poesía “movida por la búsqueda”, una poesía “en régimen lunar”, “una fuerza centrípeta que lo arrastra todo para el interior del vértigo”. Un epígrafe de Aldo Pellegrini en el primer poema le vale a su vez al poeta para exponer su concepción: “La poesía es la reflexión de las cosas en el hombre, pero al mismo tiempo la reflexión del hombre en las cosas. Así se establece una verdadera corriente que va del mundo al hombre y del hombre al mundo, por un mecanismo de vasos comunicantes”. Otros epígrafes hay del propio Breton, de Benjamin Péret, de Malcolm de Chazal, de Ghérasim Luca y de Sergio Lima, a lo que puede sumarse que uno de los poemas sitúa el amor en el Cais Maldoror y se firma en Montevideo, ciudad a la que Alex Januário acude con frecuencia en busca de las huellas ducassianas, y de la que ha ofrecido hace poco algunas fantasmales imágenes, de carácter enteramente chiriquiano.
Alta es la calidad visionaria de esta poesía en cuyo vértigo afloran “fragmentos del oro del tiempo” y por la que “sonidos de caballos ciegos / transportan lluvias adormecidas / durante tantos años”, y si el amor es su motivo central, es un amor de “piernas envueltas en sábanas de carbón” y de “senos en forma de anzuelos”, en la tentativa desesperada de “fundir los deseos a través de la luz más negra”.
Esta es otra de las primorosas Ediciones Loplop, al cuidado de Rodrigo Mota, otro de los componentes del grupo Decollage. La enriquecen dos dibujos de Sergio Lima, realizados en aquella febril etapa creativa suya de la segunda mitad de los años 50.

Ceri Pritchard

Ceri Pritchard, Alice, 2014
“Mi obra es una búsqueda visual y emocional. La pintura existe independientemente de las restricciones de la lógica y de la racionalidad. El artista vive, observa y crea a partir de su necesidad de entendimiento, así como de la de compartir con otros sus descubrimientos”. Así se expresa Ceri Pritchard, quien el 6 de agosto inaugura en Tenby (País de Gales) la exposición “The strange edge of reality”, pinturas de 2012 a 2016.
Ceri Pritchard es otro de los nombres del surrealismo o cercanos al surrealismo que forman parte de la proyección surrealista en Gales, a la que Patricide dedicó recientemente un pequeño libro destacando a John Welson, Neil Coombs, Millree Hughes, Orlando Mostyn Owe y Ken Cornwell, y citando en el apartado retrospectivo a Dylan Thomas, Merlyn Evans, Ceri Richards, Lucian Freud (pupilo de Cedric Morris, artista galés a su vez inspirado por el surrealismo), Sari Dienes, George Melly, Angus McBean, John Piper, Edward Burra, Bill Copley, Barry Flanagan y Bedwyr Williams, algunos de ellos no nacidos en el País de Gales, pero que residieron significativamente allí, como es el caso de George Melly.
Aunque Ceri Pritchard no aparecía nombrado por Adrian Dannatt en su estudio del surrealismo en Gales, entre sus referentes reivindicados encontramos, aparte André Breton (dato más que significativo), los nombres de Max Ernst, Picabia, Edward James, Leonora Carrington, Wolfgang Paalen, Luis Buñuel, Gordon Onslow-Ford, etc.
Nacido en 1954, Ceri Pritchard se trasladó a Francia en 1980 para pasar luego a vivir en México (que deja una huella indeleble en su obra) y retornar finalmente a Gales.
En su página pueden verse, aparte muchas imágenes de sus pinturas, una sección de cortometrajes y otra de vídeos, reveladoras de la influencia muy importante que ha tenido en él la música psicodélica y la cultura “underground” de los años 60, y también una entrevista con motivo de su exposición mejicana en 2013.

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“I have always been interested in consciousness in its various forms. When I paint I try to achieve a feeling of some other world, some other type of existence. I endeavour to make paintings that change one’s visual perception, to elicit a sense of wonder and anxiety at the same time”. 

domingo, 10 de julio de 2016

“La Vertèbre et le Rossignol”, n. 4

En 2009 se publicaba el número primero de la revista La Vertèbre et le Rossignol y al año siguiente el segundo. Del primero permanece hasta el presente David Nadeau, que es el motor de este proyecto surrealista, y del segundo Pascale Dubé. El número tercero, con más empaque, apareció en 2015, participando muchos nombres del movimiento surrealista y optando por una orientación temática, al ocuparse del surrealismo y el mito templario. Ahora, el número cuarto elige “La prueba peligrosa”, con la intención expresa de “explorar las pulsiones destructoras, el lado sombrío del espíritu y la posibilidad de superar el sufrimiento, incluso de transformarlo, con la ayuda mágica de la poesía”. Los convidados vuelven a representar ampliamente el movimiento surrealista, con varios nombres comunes al número anterior (Rik Lina, Patrick Lepetit, Rodrigo Verdugo Pizarro, Alex Januário, Kirin, Verónica Cabanillas Samaniego) y sin ceñirse siempre al tema propuesto, ya que algunas colaboraciones son incluso de hace algunos años. La riqueza de contenido se equipara a la del número de los templarios, ya aquí reseñado.
La portada es de Verónica Cabanillas Samaniego, quien, si se le suman a esta Vagina prehistórica en el desierto las dos imágenes interiores, tituladas Mausoleo de la estrella prehistórica cósmica y Águila-diosa cavernaria astral, revela una inspiración fuerte y profunda. Un “clásico”, el gran John Welson, compone la contraportada, con un dibujo tan suyo que no precisa ni de venir firmado. El frontispicio es de Amirah Gazel, de su serie Enemy myself, y la imagen de cierre de Tim White. Un anexo lo forma el capítulo 16 de La novela del indio tupinamba de Eugenio Granell, traducido por David Coulter al inglés.

Raman Rao, Un brindis por la memoria

Hay textos de J.K. Bogartte (tres capítulos de su “novela corta surrealista” Antibodies, vertidos al francés por Jean-Pierre Dépetris), Andrew Mendez, Peter Dubé, Ody Saban, Kirin, Marie-Claire, Valery Oisteanu, Merl Fluin, Paul McRandle, Rodrigo Verdugo Pizarro, Tim White (unos tercetos muy superiores a los de Dante), Allan Graubard (seis poemas, uno de ellos un muy bello homenaje a Laurence Weisberg, que nos permite recordar la semblanza que le dedicó en Lo que será), Paul Cowdell (un “Mapa de campaña”, con su ilustración), Chanterel Gagnon. Algunos, como los de Ody Saban o Valery Oisteanu, son ya conocidos, hábito que resta algo de fuerza a publicaciones de este tipo.
En las ilustraciones predomina el collage y el dibujo, aunque haya también fotos y pinturas, con una lista de nombres más amplia aún: Michael Vandelaar, Byron Baker, Guy Ducornet (collages de sus series Cosmos y Totems), Zazie, Tunç Gencer, Janice Hathaway, Singwang Chong Li, Raman Rao, Rik Lina, Jean-Pierre Paraggio (Los invisibles, de su serie Picos y garras), Jon Graham, Pascale Dubé, Alex Januário (su encuentro onírico con António Maria Lisboa, ya reproducido aquí), Patrick Lepetit, Richard Misiano-Genovese (con unos versos correspondientes de Alejandro Puga), Bruno Montpied, Craig S. Wilson, Suzanne y Sylvain (Cuestionamiento de un cerebro reptiliano), David Coulter (un espléndido El castillo de Otranto, aunque aquí se haga de lamentar especialmente que la reproducción no sea en color), Steven Cline (ídem, ya que se trata de otro collagista en quien es esencial el color), Casi Cline, Suzanne Labrie, Carl Lampron.
David Nadeau/Pascale Dubé,
La máquina de hacer el amor mágico
Del maestro de ceremonias hay un homenaje al colectivo Device Scribbles, y de este “laboratorio de creación numérica colectiva”, ya disuelto, una pieza, lo que nos permite dar un enlace con más material, dentro de la página ungetr:
Nadeau ha elaborado con Pascale Dubé La máquina de hacer el amor mágico, y con Willem den Broeder y Craig S. Wilson un collage numérico. Añádase en este genuinamente surrealista gusto por las fuerzas unidas una serie de dibujos del colectivo La Vèrtebre et le Rossignol (Nadeau, Dubé, Marie-Claire, Lampron, Gagnon), más dos textos.
Hay espacio también para algunos creadores canadienses cuya inspiración visionaria considera la revista acorde con “el espíritu de la investigación surrealista”, en concreto Coroner Paradis, Gilles Latour, Sien-Sébastien, Siri Tobahc, Gabriel Lalonde y Allex Bel (este último con el texto “Le mémevioque”, acompañado de un dibujo, en un conjunto impactante), así como para los patafísicos Gleason Théberge y Tania Lorandi.
Jean-Pierre Paraggio, Los invisibles

Lecturas

Dos nuevas publicaciones del Grupo Surrealista Madrileño, por Bruno Jacobs (ed.) y Emilio Santiago Muiño, en La Torre Magnética:

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En Brasil acaba de traducirse, con el título O sentimento da catástrofe. Entre o real e o imaginário (Iluminuras), la conferencia que publicó en 1991 Annie Le Brun Perspective dépravée (La Lettre Volée).
Ensandwichada por dos textos sin mucha relevancia, siempre es un acierto divulgar los escritos de esta audaz pensadora que aquí, partiendo del impacto producido por el terremoto lisboeta de 1755, reflexiona sobre el sentimiento de la catástrofe. Voltaire escribió sobre esto, y Annie Le Brun lo comenta, del mismo modo que avanza con Sade, el motivo de las ruinas, la euforia de imágenes desastrosas que se apodera del imaginario europeo; pero nada dice de la respuesta de Rousseau a Voltaire, cargada de genialidades. Nada más predecible, en cambio, que ver a Annie Le Brun proyectar su ensayo en el presente, con su “imperialismo absoluto de la técnica”, su “proceso de deshumanización en curso”, su “concepción ortopédica de la vida” (y cuando profirió la conferencia, en 1989, aún no se había extendido esta plaga de los teléfonos que la gente va cargando, auténtica expresión literal de esa ortopedia), su “total exaltación del narcisismo” que va a la par del “aplastamiento de la individualidad”, etc.

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Magnífica presentación en español de unas páginas claves de Xavier Forneret:

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Agulha dedica su último número de la serie “Vozes poéticas” a Eunice Odio, figura cercana al surrealismo:
http://arcagulharevistadecultura.blogspot.com.br/…/s39-voze…

miércoles, 6 de julio de 2016

André Breton, de 1713 a 1966


Coincidiendo con el cincuentenario de André Breton, signado por la eclosión plena de su epistolario, magnético donde los haya, Georges Sebbag lanza una biografía que se desmarca por completo tanto de la habitualmente lineal como del fraude que suelen ser las noveladas: “Un imperativo se dibuja en materia de biografía, el de conocer la relación que entabla con el tiempo el individuo de quien se rememoran su vida y milagros. En el caso de André Breton, es cierto que los cuadros temporales resultan trastocados, sean ellos psicológicos, sociales o históricos. El surrealista juega con el tiempo. Su vida y sus escritos desbordan los límites de su existencia. Azar objetivo, tiempo sin hilo, recuerdo del futuro: estos conceptos que él inventa y comparte con sus amigos desafían la cronología y la filosofía de la historia”.
En ese estilo inconfundible que le pertenece y que no es imitable, Georges Sebbag, conocedor de la vida y la obra de André Breton como de la palma de su propia mano, vierte en 26 capítulos, más una suerte de conclusión en que retorna al comienzo, toda esa sabiduría mostrada en sus muchos trabajos anteriores, nutriendo su centelleante discurso de los más inesperados y agudos hallazgos, asociaciones y conexiones. Es esta una travesía en la que, en efecto, nada tiene que hacer la linealidad, con constantes mutaciones y zigzagueos que evocan, por ejemplo, los “saltos de la memoria” con que presentaba sus recuerdos el romántico español Antonio Ros de Olano.
Para su prospección biográfica, Sebbag se ha valido en particular de la correspondencia entre Aragon y Breton, de las cartas de Breton a Simone Kahn y de las de Nadja a Breton, estas últimas celosamente guardadas por el fundador del surrealismo (a diferencia de otras que extrañamente no han aparecido, como en particular las de la propia Simone, Suzanne Muzard, Jacqueline Lamba o Nelly Kaplan), como si se trataran para él de un talismán. Obsérvese que esto implica un mayor ahondamiento en las décadas de los años 20 y 30, y es cierto que hay una muy inferior presencia de los últimos quince o veinte años de la vida de Breton. Sebbag se vale asimismo de las indagaciones efectuadas en importantes libros anteriores, en particular L’amour-folie, la saga Breton-Vaché y esa obra capital que es Le point sublime. Hubiera sido deseable que este nuevo libro viniera tan bien ilustrado como Le point sublime, pero tanto lujo no es siempre posible. Hay, eso sí, una foto sumamente curiosa, de hacia 1930, en que se ve a Cartier-Bresson disparando al blanco en una barraca de feria, junto a dos elegantes mujeres y un tal Éric de Jessé, futuro monje de la Trapa, con quien Sebbag se pondría en contacto a propósito del envoltorio de unas chocolatinas de la Grande-Trappe utilizadas por Breton para una de sus cartas a Vaché, descubriendo que Éric de Jessé, archivero del monasterio de la Grande-Trappe, era un gran conocedor del surrealismo y viejo amigo de Cartier-Bresson y Pieyre de Mandiargues antes de que, en 1940, tomara los hábitos.

Cartier-Bresson y Éric de Jessé, bien acompañados

Entre los mejores momentos que nos depara este libro, señalemos los que tratan de los vericuetos amorosos bretonianos (siempre muy apasionados), del humor, de los juegos, de Nadja, de VVV (una lectura muy rica de una revista algo esquiva, que no ha solido estudiarse como las primeras parisinas), de Isidore Ducasse... Este último es enfocado en su rápido camino de “filósofo incomprensibilista” (que es como se autodefinió a los 18 años, en descubrimiento que hizo Jean-Pierre Lassalle en 1994) al filósofo que lo comprende todo (“Nada es incomprensible”) de las Poesías. Merece por último subrayarse la importancia que Sebbag concede a un autor que ha acabado consagrándose como uno de los verdaderamente grandes entre las últimas generaciones que acompañaron a Breton: Stanislas Rodanski, tan asociado a este como a Vaché, y de quien ya ha podido manejar Sebbag textos recientemente exhumados, como la maravillosa novela en clave Substance 13.


Simone Kahn y el Grupo Surrealista Galego

Ya que acabamos de nombrarla, señalemos que en el blog del Grupo Surrealista Galego, merece resaltarse, aunque salió ya hace tiempo, el magnífico homenaje a Simone Kahn. Consta de tres capítulos y es obra de Xesús González Gómez, quien lleva una labor incansable en este medio surgido en enero de 2011, y constantemente alimentado. Mucho material hay también sobre otras figuras relevantes del primer surrealismo, como en particular Theodore Fraenkel y Robert Desnos, mereciendo citarse asimismo el dossier de Maurice Heine y la excepcional antología de La Main à Plume.

“Soapbox”, 56-57-58

Otro nuevo trío de estos imprescindibles boletines acaba de aparecer. De su conjunto de novedades, destaquemos la antología de poesía tradicional de los indios de América del Norte, las dos monografías de Bruno Montpied sobre figuras populares de genio y dos cuadernos aliando texto e imagen: Le livre des évidences, por Alain Roussel y Georges-Henri Morin, en las bellas Éditions des Deux Corps, y Les rendez-vous métaphysiques, por Guy Cabanel y Olivier Tomasini.

Jean-Claude Charbonel y los bosques latentes


En el año 1976, Jean-Claude Charbonel fue uno de los nombres presentes en el extraordinario catálogo “Marvelous Freedom. Vigilance of Desire”, exposición mundial del surrealismo celebrada en Chicago. Penelope Rosemont se encargó del “Dominio de Robin Hood”, custodiado, como vemos, por el Buzo de los Bosques Latentes. 

Óbito de un hombre de gran cultura

A la provecta edad de 82 años, murió Yves Bonnefoy, quien, tras unos años en el surrealismo, lo repudiaría luego acumulando incontables idioteces sobre André Breton. Hombre de formación matemática y vasta cultura, fue modelo de poeta-profesor, no solo para muchos poetas-profesores franceses, sino hasta para pequeños poetas-profesores provincianos de otros países occidentales. El Colegio de Francia, donde tuvo el honor de relevar al pensador de cabeza de oveja, se encuentra de luto.
Pierre Peuchmaurd: “Bonnefoy es inútil, profundamente. Porque no hay en él amor ni angustia verdaderas. Porque no hay en él miedo ni dicha. Cuando se enseña la poesía en el Collège de France, se vive sin miedo en un mundo sin dicha: el silencio sería bienvenido”. 

sábado, 2 de julio de 2016

Jean-Claude Charbonel (1938-2016)

J.-C. Charbonel y J. Lacomblez, sobre el puente de Kerigan,
Le Bodéo-Merléac (Côtes d'Armor), mayo de 2009.
El pasado jueves, a las 4 de la madrugada, mientras dormía, murió uno de los grandes poetas-artistas del surrealismo. Como sencillo homenaje, transcribo la semblanza que le dedico en Caleidoscopio surrealista, y reproduzco algunos textos sobre él, algunas de sus tan mágicas imágenes (que tengo la certeza hubieran fascinado a André Breton) y algunas hojillas de sus exposiciones, distinguidas siempre por su carácter prácticamente secreto.
Jean-Claude Charbonel conectó conmigo a raíz de la desaparición de un amigo común: Édouard Jaguer, para que le enviara el texto que le había dedicado en La Página. Siguió un contacto escueto pero muy cordial, del que pongo también aquí su graciosa felicitación para el año 2013. Perdemos un gran surrealista, un fabulador único y una bella persona.

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Artista extraordinario, autor de pinturas, esculturas y collages, valiéndose del “frottage” y de la calcomanía. En 1964 fundó con Pascal Colard el grupo Rupture, que preconizaba la creación de una nueva Federación Internacional del Arte Revolucionario Independiente, y al año siguiente tomó la dirección de la revista homónima. Enlazó con André Breton y Édouard Jaguer, participando desde 1975 en Phases (Jaguer, en 1980, le dedicaría un gran texto, “País de conocimiento”, hablando de su “automatismo a varias velocidades”). En 1976, su Buzo de los bosques latentes ilustra el “Dominio de Robin Hood” en el catálogo de la exposición surrealista mundial de Chicago. Ya en los años 90, Charbonel colabora con el grupo Chapeau.
En 2006, Ludovic Tac realizó la fascinante película Les voyageurs du temps des rêves armorigènes, estrenada en la exposición de Charbonel “Arqueología del tiempo de los sueños armorígenes”; el propio artista aparece en esta película, colaborando en el guion y con la realización de totems, pinturas e instalaciones. “Jean-Claude Charbonel –afirma Ludovic Tac al hablar de este pueblo imaginario de los armorígenes, engendrado por el artista bretón en Côtes d’Armor–, vigilante nocturno para mejor escuchar el canto del rocío, mide las orillas imaginarias de una civilización más estable, más maravillada, más encantadora que la impuesta por nuestro tiempo”. En 2011, sus imágenes armorígenes se asocian a las de John Welson en la exposición “Surrealismo: la mirada céltica”.
“La práctica del automatismo conduce a pintar como se sueña. Cada obra que de ahí resulta es un fragmento del paisaje interior.”
“Lo maravilloso es un castillo cuyas llaves están en el interior”.