sábado, 21 de mayo de 2016

“Dreamdew”, etc.

Frantisek Dryje, collage

Ya ha aparecido el número quinto de Dreamdew, “Comunicación onírica”, que editan Bruno Jacobs y Sasha Vlad. En presentación de nuevo preciosa, verdaderamente onírica, la portada se la reparten un interesante ensayo teórico de Roman Telerovský (“The tissue of poietic dreaming”) y la sugestiva respuesta de Paul Delvaux a una pregunta sobre su cuadro El pueblo de las sirenas. Dos collages arenosos de Frantisek Dryje –aquí vemos uno de ellos– ilustran el ensayo.
“Sueños embotellados” ofrece imágenes y textos de Petra Mandal, Martin Stejskal, Dan Stanciu y Sasha Vlad, más un sueño de las Nuits sans nuit, el gran libro onírico de Michel Leiris. Precisamente de botellas, pero pintadas, hablamos aquí en el artículo dedicado a Bill Copley y en la reseña del último número de L’Or aux 13 Îles, al aludir a las del matrimonio Beynet. Esta es la botella soñada por Sasha Vlad con el perfil del busto del legendario Vlad el Empalador:



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Janice Hathaway, Endless transformation

La Fundación Eugenio Granell, tras la exposición dedicada a Kathleen Fox, dedica próximamente otra a Janice Hathaway, en un loable esfuerzo por dar relevancia a figuras que no son conocidas lo que deberían serlo, dada la triste y falsa perspectiva historicista que domina en los enfoques del surrealismo.
Es una ocasión inmejorable para apreciar los maravillosos collages de esta artista estadounidense que en 1979 fundó el grupo surrealista de Alabama y que ha permanecido fiel a la visión poética del surrealismo.

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Ody Saban, Muchacha identificándose con un alga, 2015

El 2 de junio se inaugura en la galería Claire Corcia la exposición de obras inéditas de Ody Saban “Bourgeons de fêtes utopistes”, que además proyectará tres cortometrajes sobre la obra de esta artista.

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En las magníficas ediciones Rêve à Deux, que anima Richard Waara, se anuncia un plato fuerte: Spectral hyerogliphics, de Will Alexander, con prólogo de Laurens Vancrevel e ilustraciones de Rik Lina.

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El pasado sábado se presentó en el Café Santa Cruz de Coimbra (el más bello café de Portugal) el libro de Miguel de Carvalho Neste establecimento não há lugares sentados, y lo mismo se hará este domingo a las 19:30 en un local de la Rua dos Correeiros (Paralelo W), sito en el corazón de la Baixa de Lisboa.

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Lou Dubois, tan certero escritor como collagista, escribe ahora, a partir de los collages de Émelyne Duval. Editan, con su habitual finura, las Éditions des Deux Corps.

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Cruzeiro Seixas no sale bien parado de unas cartas a Floriano Martins recién editadas, donde ataca de modo repugnante a Miguel de Carvalho (quien precisamente, en 2005, le había publicado su gran libro epistolográfico: Naufrágio de ilustraletrações) y donde recurre al argumento más especioso para justificar su condecoración por la Orden Militar de Santiago de la Espada (principal orden militar portuguesa de la caballería cristiana): “con el humor posible, diré que condecorar a un surrealista es un acto surrealista” –fue condecorado en 2009 por el entonces presidente de la república Aníbal Cavaco Silva, el más nefasto de todos los políticos que ha tenido la democracia portuguesa, lo que ya es decir, organizándole la presidencia de la república como guinda, hace unos meses, una exposición por la que se arrastró en compañía de la primera dama.
Decía Marcel Mariën que la televisión pone al desnudo los puntos flacos de los que enfoca, pero las cartas son quizás un medio de exposición aún más peligroso: las memeces, las obsesiones insanas, los juicios injustos y aventurados, el lenguaje viperino son proclives a tener en ellas, y nunca mejor dicho, carta libre. En cambio, el poeta-artista está más contenido en las entrevistas de 2009 y 2015, que unidas a algunos textos como los de Ernesto Sampaio, Franklin Rosemont o Sarane Alexandrian y a un largo escrito suyo de 1991 componen un conjunto magnífico, a años de luz del que conforman las desdichadas cartas. Es lo que se salva de estas Confissões de um espelho.
Acertadamente, Miguel de Carvalho optó en su día por hacer una selección de cartas, todas admirables, con bellos dibujos, resultando un libro de extraordinaria calidad e interés sostenido, donde encarna el verdadero, el gran Cruzeiro Seixas. Pese a ello, fingiendo olvidarse, lo llama ahora, a lo largo nada menos que de once cartas, “un tal Miguel de Carvalho” (debe tener pesadillas con él). Pero no hay muestra de mayor decadencia que esa utilización de la acepción más bastarda del adjetivo “surrealista”, de curso libre entre los periodistas y la masa ignara, cuando le pone paños calientes a su condecoración. Para colmo, solo dos años antes, escribía: “Ahora me sondean de la presidencia de la República con la intención de imponerme una condecoración. Mi respuesta solo puede ser negativa; ¿cómo puedo estar de acuerdo con esta caricatura de democracia?” Mal final para quien negaba ser un “artista” y proclamaba, en una de las entrevistas del libro, contradiciendo la aceptación de esta senil consagración oficial: “Soy un hombre entre los hombres, nada más”.